La rata optimista

Qué bien nos hace recordar que donde el hombre guarda su tesoro, ahí mismo encierra a su corazón. La alegría, como el entusiasmo, son estados internos irradiantes: no se pueden ocultar. La alegría es como la tos, sale afuera. El entusiasmo es palpable: brota de un sentimiento profundo de exaltación. Entusiasmo significa por etimología: "Dios adentro". La confianza en uno mismo genera una visión amplia y positiva de todas las oportunidades. Por el contrario, el pesimismo debilita las alternativas que ofrece una situación y consigue que los fracasos que imaginamos nos visiten.

Si una persona cae en un pozo, no es conveniente tirarse adentro para sacarlo: se juntarían dos con la necesidad de salir. Hace mucho tiempo, dos ratitas que andaban por un tambo cayeron en un gran tacho con leche. El tacho estaba lleno de leche hasta la mitad -diría un optimista-, o medio vacío, corregiría un pesimista. Lo cierto es que, para salvarse, las dos ratitas, que por suerte sabían nadar, comenzaron a hacerlo. Pero, luego de un tiempo, una de ellas se sintió muy mal y empezó a desesperarse. No veía ninguna posibilidad de escape. Le decía a su compañera:

–No me gusta, hermana. De aquí no salimos.

–Cállate y sigue nadando –respondió la otra ratita, optimista.

–Sí, ¿y que hacemos nadando? Esto es una fatalidad; no va.

–Cállate y sigue nadando.

–Esto es ridículo. Es gastarse inútilmente.

–Cállate y sigue nadando.

La ratita pesimista se cansó más que por nadar, del parloteo. Le ganó la desesperanza y desapareció de la superficie, ahogada. La ratita optimista siguió nadando. Tanto nadó que la leche se endureció por el batido, y se transformó en manteca. Pegó un salto y salió del tarro.