Dogmatismo y educación

El dogmatismo filosófico no fomenta la auténtica vida escolar, la empobrece porque le quita vida. La escuela filosóficamente dogmática no educa, ata. Cuando el sentimiento religioso se liga a una determinada religión organizada y se vincula, por lo tanto, a una iglesia y a los dogmas de una teología revelada, el espíritu de libertad queda irremisiblemente excluído, la verdad debe ser aceptada.

Mediadoras necesarias entre la impotencia de la razón y la revelación divina, las iglesias son por esencia dogmáticas, reafirmando la concepción de que la libertad no puede ser concedida indistintamente a todos porque no puede tener los mismos derechos la verdad que el error.

El dogmatismo religioso se ajusta a un proceso de transmisión ineludible de lo que se entiende como única verdad: la revelada. Una escuela dogmáticamente religiosa no educa, catequiza. Todos los dogmatismos —políticos, filosóficos, religiosos— descansan en la inflexible convicción de que se han apoderado de la verdad y son los únicos depositarios de ella.

Todos los dogmatismos se permiten el control de lo que suponen es erróneo. Entre dogmatismo y libertad no hay conciliación posible. Porque libertad es diálogo, es búsqueda, y dogmatismo es imposición. La educación es el fruto natural de la madurez de una comunidad. Educar es un fenómeno de conservación y acrecentamiento de la cultura. La libertad es indispensable para la educación. Sin libertad no hay educación porque no hay savia espiritual que nutra el proceso; en ese caso se cae en el dogmatismo.