Qué produce una vida feliz (3)
Su trasfondo, más o menos dogmático, más o menos doctrinario, se funda en un determinado sistema de valores y de creencias, surgido en un determinado contexto histórico; propuestas que, a su vez, suelen enfrentarse o distanciarse críticamente de las que la sociedad, educadora pero alienante, histórica e ideológicamente configurada, transmite e impone a través de sus usos e instituciones.
De ahí que convenga subrayar el valor que muchas éticas filosóficas o de origen religioso tienen para liberar al individuo de las presiones que cualquier sociedad, de modo indiscriminado, impone, transmitiendo con la ideología su aparato de poder, su manipulación de los deseos, o bien ahora, con sus reclamos del consumo, la moda y los usos y estándares sociales, etc. Por eso a menudo la ética de origen filosófico o religioso se presenta como una liberación, un saber de salvación, una terapéutica, dado que la principal amenaza a la felicidad está en el ambiente social, con sus prejuicios, sus opiniones vanas, sus señuelos tramposos.
De ahí que la doctrina filosófica, en su afán de descubrir la verdad perdida o adulterada, se ofrece como una medicina o farmacopea del alma. El filósofo pasa a ser un médico espiritual y ofrece su mensaje como un remedio para la curación por la palabra contra las angustias y ansiedades anímicas. El símil es muy antiguo. "Vana es la palabra del filósofo —dice un famoso fragmento de Epicuro (griego, 341 AC - 270 AC)— que no remedia ningún sufrimiento del hombre. Porque así como no es útil la medicina si no suprime las enfermedades del cuerpo, así tampoco la filosofía, si no suprime los sufrimientos del alma."
En la tradición occidental, que comienza con los griegos, hallamos algunas máximas de perenne validez. Recordemos sólo dos, muy características del pensamiento clásico. La primera, atribuida a uno de los Siete Sabios y grabada en el atrio del templo de Apolo en Delfos, reza: "Conócete a ti mismo" (es decir, conoce tus limitaciones, explora tu interior para actuar según lo que verdaderamente quieres). La segunda, es la frase formulada por el poeta Píndaro (griego, circa 518-438 AC), que dice: "Ojalá llegues a ser el que eres" (es decir, realiza las posibilidades que llevas contigo, hazte tú mismo).
Las grandes máximas se prestan a ser reinterpretadas. Sócrates (griego, 470-399 AC) reflexionó acerca de la primera, subrayando la importancia de la propia conciencia como el eje más firme para construir la felicidad. En su racionalismo, Sócrates era muy optimista, pues pensaba que la maldad sólo era un error de conocimiento, y sostenía la teoría de que el sabio de verdad vive siempre feliz. Goethe (alemán, 1749-1832) adoptó como lema la otra máxima, en el sentido ya apuntado de "Realiza al máximo tus facultades nativas".
Para orientar la vida hacia la felicidad, también la religión propone su propio camino de salvación, indicando a partir de la fe una senda de conducta. Esta propuesta es esencial en todo sistema religioso. Toda religión propone una moral que se funda en las creencias, acorde la enseñanza de los mitos y los ritos. El cristianismo, un ejemplo claro de ello, propone una moral derivada de la fe en el mensaje de Cristo.