sábado, 14 de mayo de 2016

Acepta los problemas de la vida (II)

Toda persona, en el momento en que se dispone a llevar algo a cabo, tiene una idea sobre las probabilidades de poder hacerlo. Esto es lo que vulgarmente se llama "tenerse confianza." Escuchamos a menudo decir: "Pedro es un muchacho que se tiene mucha confianza", o "A Margarita todo le sale mal porque no se tiene confianza." Es evidente que la actitud con que encaremos la realización de algo, tiene mucho que ver con que ese algo se lleve a cabo. Sin embargo, una cierta dosis de realismo es necesaria para que a lo largo de nuestra vida no andemos dando tumbos intentando hacer cosas para las que no estamos preparados, o que dejemos muchas cosas sin hacer por pensar que nuestra capacidad es insuficiente.

Si supones que eres incapaz de resolver cualquier problema que se te presente, estarás constantemente dependiendo de alguna otra persona para poder vivir. Llevar una vida dependiente no es la manera de vivir feliz. Para poder serlo debes tratar de ser tan autónomo como te sea posible, dentro de los limites que implica seguir siendo un ser humano. Vivir encadenado a los otros para que te solucionen tus problemas, es condenarte a la infelicidad.

Si partes de la base de que no hay nada que esté más allá de tus posibilidades, también vas camino a la infelicidad, sencillamente porque esa afirmación no es cierta. No existe ningún ser humano todopoderoso, todos tenemos nuestras limitaciones. Si piensas que todo lo puedes, estás equivocado, y en algún momento la realidad se encargará de demostrártelo. Cuando ello ocurra, el golpe puede ser muy fuerte y ciertamente no serás una persona feliz.

Si tienes una apreciación realista de tus posibilidades y reconoces que algunas cosas podrás resolver y otras no, estás mucho mejor preparado para ser feliz. Es importante darse cuenta de que hay hechos que escapan a nuestra decisión y que, por más buena intención que pongamos, no lograremos cambiarlos. Esto no significa que dejes de hacer todo lo que puedas, si no para solucionar, al menos para tratar de mejorar en lo que se pueda la situación.

Siempre tenemos que ponderar hasta donde llegan nuestras posibilidades, y tratar de llegar hasta el límite de las mismas, pero no pretender ir más allá. Si eternamente estás tratando de hacer lo que no puedes, eternamente serás infeliz. Este es el resultado de tener una apreciación demasiado optimista de las propias capacidades. El que se aprecia por menos de lo que vale, deja pasar muchas oportunidades pensando que no está a su alcance aprovecharlas.

Para que los problemas no te impidan tener toda la felicidad que puedas en tu vida, debes tener fe en tu capacidad para resolverlos, pero no debes creerte omnipotente. Debes alegrarte por los que has podido resolver y no amargarte por aquellos que quedaron sin solución, descansando siempre en la tranquilidad que te da el saber que has hecho todo lo que has podido.

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